Crisis y conspiraciones.

Es cierto que cuando uno piensa en conspiraciones a la hora de ofrecer los motivos de una estafa, una crisis o cualquier desenlace fatal que afecte a aspectos sociales, económicos  o políticos, la propia palabra se convierte en un arma de doble filo para aquel que la saca a relucir.
Las conspiraciones aparecen como títulos que parecen señalar una ficción, como si las cosas no pudieran estar urdidas desde un primer momento o generadas con un propósito perfectamente planificado.
Para cualquier conspirador su primer reto es precisamente generar fórmulas que desacrediten a aquellos  que se atreven a señalar la existencia de complots u ofrezcan versiones diferentes a las explicaciones "oficiosas" de los motivos que produjeron los acontecimientos.

La conspiración tiene un fin claro, la de consolidar, arrebatar o conseguir un poder de tal forma que el grupo que lo realiza utiliza recursos generalmente ilegales que deben de ser camuflados o disimulados. Para conseguir ocultarlos se necesita un trabajo planificado y organizado donde las personas involucradas estudian cómo generar una incertidumbre, para lo cual provoca un caos que consigue ofrecer múltiples respuestas a unos hechos acontecidos, evitando la idea de una planificación  donde el tiempo y las personas sean sus grandes aliados.

Las crisis son entendidas comúnmente como la consecuencia de la suma de unos serie de acontecimientos que además forman parte de unos supuestos ciclos históricos, es decir, aplicando el refranero español: "Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe". 
Pero en las crisis o "cambios" existen también caras alegres, aquellas que gracias a las mismas consiguen una mejora sustancial, no todo el mundo pierde.

Partiendo de esta idea podemos entonces resolver que en nuestras sociedades, históricamente, se buscan razones para ofrecer soluciones a entramados que urden las maneras de conseguir obtener mayor poder, justificar esas situaciones que motivan los acontecimientos, y al final el resultado es el mismo siempre: Una nueva estructura de poder.

Hoy la crisis es financiera, un tema de dinero, la herramienta básica para el intercambio, donde unos tienen, otros deben y algunos pocos controlan pero son todos los que están de acuerdo en que sin el mismo sería imposible crear sociedades. 
Las conspiraciones necesitan aunar criterios y el de la necesidad de la moneda única para competir fue  un argumento fácil, así en Europa el Euro borró del mapa cualquier otra divisa con el propósito de competir dentro de un mundo globalizado.
Ahora todo es más fácil, después de diez años el poder de los Estados Europeos se ha reducido y sus habitantes no tienen claro todavía a quien están pagando sus consecuencias, en cambio si saben quienes son los culpables, o al menos cada uno tiene el suyo propio.

Ha sido un completo éxito, pues si empiezas a preguntar, cada cual tiene una versión... y de ninguna de las maneras alguien piensa que en su trasfondo exista conspiración alguna.

Plantear nuevas fórmulas de intercambio es una manera de defenderse ante estas situaciones, pero mientras exista la creencia de que es el modelo de dinero-papel la única fórmula de valoración, estaremos siempre en la mano de aquellos que deciden sobre la impresión del mismo.  

El dinero es un invento, una herramienta, y resulta que a la larga va destruyendo los valores reales para construir mayor poder en aquellos que realmente lo manejan... históricamente, más de lo mismo pero de otra manera.